Flipped learning y educación emocional

Flipped learning y educación emocional

La realidad de las escuelas evidencia que algunas dificultades de aprendizaje de los estudiantes se potencian a partir de problemas emocionales, tal vez basados en una especie de “analfabetismo emocional” que inciden en su permanencia y egreso así como en la calidad de los mismos. 

En tal sentido, la educación emocional promueve el diagnóstico y la búsqueda de soluciones que construyan un camino hacia el humanismo y la tolerancia en las aulas.

La inteligencia emocional fue definida por Mayer y Salovey (1997) haciendo referencia a un tipo de inteligencia que integra cinco capacidades: el conocimiento de las emociones propias, el control emocional, la capacidad para automotivarse, la empatía y las habilidades sociales, lo que guarda estrecha relación con la inteligencia interpersonal definida por Howard Gardner (1983).

La Ley Nº 209 de Educación Emocional de la provincia de Misiones supone un instrumento formidable para pensar las emociones en el aula y enriquecer con ellas los procesos de enseñanza y de aprendizaje a partir del reconocimiento de varios obstáculos que interfieren en el trabajo del aula e impiden la mejora como por ejemplo:

– motivación: un alto porcentaje de estudiantes carecen de motivos para concurrir a la escuela y no le encuentran el sentido a lo que hacen en el tiempo escolar

– atención e interés en el aula

– participación y colaboración en el proceso educativo

– desarrollo de conductas contrarias a las esperables. 

En este marco el Flipped Learning como modelo  de aprendizaje que se implementa en la provincia desde el año 2015 en Plataforma Guacurarí,  cobra especial relevancia en el contexto de pandemia, pasando de ser una práctica desarrollada en algunas instituciones, a una nueva forma de gestionar la práctica educativa en todos los niveles del sistema educativo a partir de la definición precisa de los espacios de aprendizaje individual y grupal a partir de los cuales se potencia el tiempo cara a cara entre los docentes y los estudiantes.

Pueden mencionarse varios aportes con relación al modelo flipped y la educación emocional, por ejemplo, contribuye a la comprensión de la diversidad en el aula y el estímulo a la autonomía en los aprendizajes, el respeto por los diferentes ritmos de aprendizaje y el desarrollo de un aprendizaje diferencial y personalizado, también el desarrollo de capacidades de autorregulación de la conducta, responsabilidad y conciencia del aprendizaje, autogestión del conocimiento, espíritu colaborativo y reflexivo y proactividad que inciden en la mejora del rendimiento escolar a partir del diseño de propuestas contextualizadas que otorgan flexibilidad al acceso al conocimiento.

Pero tal vez una de las características que mejor describe al modelo flipped en relación a su aplicación efectiva en el aula atendiendo a la dimensión de la educación emocional es que es, intrínsecamente, un modelo basado en la  cooperación y colaboración entre estudiantes y docentes así como una oportunidad de garantizar la inclusión, desde el ejercicio real de la justicia educativa.

 

Miguel Sedoff. Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología de la provincia de Misiones.